Aurelio Díaz
Tu despertar
A Rose Marie
Cada mañana, al despertar,
tus ojos recorren
–con premura y ansiedad–
cada resquicio de tu soledad
en busca de mi sonrisa,
de mi respiración,
de mis pupilas ahogadas.
Pero no estoy a tu lado;
no sé si reirás por las tardes
o si llorarás por las noches
extrañando mi abrazo eterno
y sobreprotector.
Sé dónde estás, descuida,
y pronto regresarás.
Ahora descansa, sueña conmigo,
pervierte tu inocencia
codiciando un recuerdo;
ignora el llanto de mi retrato
y abrázalo para siempre;
sueña que pronto llegará el momento
para reanudar lo nuestro.
Lo que no me mata me robustecerá,
así que entrégate a la rutina:
a los deberes, a la escuela, al juego;
mis pupilas enmarcarán tus pasos
y por las noches te arrullaré en un abrazo,
tan eterno como tu respiración,
tan ansioso como tu despertar.
Inter Pocula
Maniatado,
enredado en tus áureos cabellos,
atrapado como un insecto,
contemplo tu arácnea mirada
prestro a ser engullido,
desmembrado, vaciado.
Maniatado,
incrustado en tus recuerdos,
forcejeo inútilmente por abrazarte,
por sentirte más real que nunca,
más intensa, más profunda.
Incrustado en ti,
como tus níveos dientes,
como tu cabello frondoso;
maniatado por tu recuerdo…
¿Recuerdas el latín, Sandra?
Inter pocula;
así disfrutamos de la vida
mientras nos cagábamos en el mundo.
Inter pocula naciste,
inter pocula creciste
y te apoderaste de mi vida;
ahora eres mi prisión.
Maniatado inter pocula…
Te dije adiós muchas veces
y aún lo sigo haciendo.
¿Qué hice con tu vida, Sandra?
¿Porqué dejé que volaras hacia la flama?
Yo volé tras de ti
y ahora estoy maniatado,
entreverado en tus sollozos,
enquistado en tu ovario estéril
de hembra perfecta,
de ensoñación.
Maniatado, Sandra,
pero no inter pocula;
te escribo desde la sobriedad,
desde la punzante soledad,
extrañándote en El Olivar,
en el óvalo Guitiérrez,
en aquel mustio mirador barranquito,
observando la huida del sol.
Maniatado,
sin tenerte, sin sentirte;
como el sol, juegas a huir de mí
para luego regresar con más bríos.
Te encontraré de nuevo,
lo prometo;
somos hebras del mismo ovillo,
arañas caníbales,
sol y luna jugando a perseguirse
en la concavidad del firmamento.
Te quiero, Sandra,
mas sólo inter pocula;
el resto del día, sólo te extraño.


