Mario Morquencho

Tristes Reflejos

La ves que me enseñó su espejo
todo su alrededor se ocultó llorando,
detrás de sus cabellos la luna iba liberando
a las trístidas estrellas atrapadas por el reflejo.
Fue la vez que el cielo se vistió bermejo
cuando el eclipse danzó en sus ojos
y su reflejo lloró en océanos rojos
al día muerto en el alma de su espejo.


Muelle

Sigue durmiendo bajo la lluvia
sintiendo los dientes de la mar en tus cimientos,
llorando en cada pesadilla del ocaso,
abriendo a penas tu sonrisa en el alba.
Sigue siendo ese planeta en foto blanquinegra para las gaviotas,
ese cementerio para los aciagos pelícanos viejos.
Sigue bajo el sol, contando rayo a rayo
historias de pescadores perdidos bajo el océano,
sigue esperando a la angustia de las mujeres de estos pescadores,
a las almas de éstos tratando de tocar un sólo cabello,
tan sólo uno de sus mujeres.
Sigue sudando en el estío tu amplio hastío,
tratando de vencer tu sueño esclavizante de esfinge.
Sigue, que tus pilastras ancianas, con el herrumbre bajo el mar,
están llenas de caracoles que aún tienen esperanza,
tus pilastras a la intemperie guardan sienes soñadoras
llenas de blanco guano de las aves como si fuesen canas,
¡Tus canas, viejo muelle!


Laberinto

Tengo un saco prestado, uno nada más, que no hay cuando lo devuelva. Una corbata escondida en el bolsillo de algún pantalón que difícilmente uso. Un par de zapatos viejos con tantas cicatrices, tantos órganos extirpados y litros de sangre en el camino.

No tengo sombría ni paraguas, porque no tengo nada en contra del sol o de la lluvia.
Si tengo un roperito que tose cuando abro uno de los seis cajones que tiene, y pues si abro dos al mismo tiempo este se muere, después, a ver quién prepara el café…

Tengo una TV que se enciende cuando sueño, una TV que de grande quiso ser máquina de escribir y no pudo, porque el mundo no va hacia atrás como un cangrejo.

Tengo una agenda que mi padre me regalo hace poco, precisamente no la utilizo como tal, violo su naturaleza, su razón de existencia, esta debe soportar la punta de los distintos lápices y lapiceros señalándola, estados de ánimo encima de cenizas rebeldes, pedazos de galleta mal comida, nubes, aves y etcéteras azules o grises por doquier.

También tengo una cama con un abismo, una gotera incierta, una puerta secreta – ¡Qué sé yo!- un espiral, un sub-mundo, una alternativa insólita, una opción que los demás no tienen, algo que elijo porque no tengo de otra, porque vivo en Lima y mi familia está lejos, porque alquilo una habitación con una sola ventana y una sola puerta, porque más allá de la ventana y de la puerta hay más ventanas y más puertas, más allá: hay millones de sombras y espejos de otras ventanas, de otras puertas que esperan: Sentadas las ventanas, de pie las puertas… y tendré que ir: abrir y cerrar, cerrar y abrir, otra vez: abrir, cerrar, cerrar, abrir, cerrar y abrir, abrir y cerrar; hasta que me quiten el saco prestado o decida, de una vez por todas, devolverlo.

Stop

De pie,
Inmóvil,
sólo veo vacío:
supermercados vacíos
con almas disecadas que deambulan,
catedrales cerradas con sotanas rasgadas,
avenidas repletas de ojos vendados
que colisionan mutuamente,
pasajes abiertos a laberintos desnudos
perpendiculares a los sótanos conquistados
enteramente de noches recicladas
y hay aves agonizando en las bancas del parque clausurado…

Maniquíes de carne y hueso
se tropiezan anhelantes pero yo Stop,
estoy stop,
stop mis sentidos,
stop la mosca domesticada en mi seso
que revolotea luego como una moneda a suerte en el aire
o como un pez fuera del agua
y sólo tengo tiempo para reír…
pero bajo mi artificial rostro se encanta la neblina
y sobre esta piedra todos pueden ver a este:
su robot antiguo,
su juego de pellejos plateados,
de carne, de huesos mecanizados,
con el corazón lleno de arte y aplausos,
encantado, inmóvil, solo:
poco a poco abro mis ojos
y empiezo a moverme,
sí, mover mis brazos, mis piernas,
tener expresión feliz
heroicamente sobre el mismo pedazo de tierra
y no dar un paso siquiera
e ignorar caminos…
Por momentos respirar, vivir,
y antes de morir: regalarle un globo a un niño,
un niño a un globo o mejor un lápiz
para que escriba un verso-garabato
mientras flota.

Ahora nuevamente estoy stop,
stop mis sentidos,
stop la mosca…
de pie,
inmóvil:

¡Yo los veo vacíos!

Bajo las aguas

Bajo las aguas
aún viven las luces:
en celdas de perla,
en aliento de lágrimas
y capullos dorados.
Y si la lluvia empezara a cantar,
cantaría también la vida:
el agua dulce al agua salada,
amor y transmisión de genes
de veranos de goma a infiernos de seda,
de luciérnagas acuosas a faroles con alas,
de esferas de oro a burbujas de ensueño,
y la noche contigo
y la noche conmigo
y sin la noche,
sin luciérnagas y faroles,
sin esferas y burbujas
sin aliento ni perlas
con capullos abiertos
sin lluvia
sin luz:
Tú y yo sin alas
encendiendo un fósforo
bajo las agua.

Más allá de la bañera

Asombro en su ceja que se curva hasta romperse en una arruga.
Y se dice:
- ¡Cómo pasa el tiempo, caramba!

Usa cremas y trata de hallarle error a los espejos.
Piensa en sus ojos que entristecen y en la caricia lagrimal que flagela sus mejillas.
Ella medita mientras remoja sus labios en el licor meditabundo.
Da un sorbo depresivo cuando el tiempo hace más escalones, más altura y, por ende, más abismo…

Mira el teléfono y no hay señal de humo siquiera.
Rasca su quijada inexorable, justo en el síntoma oscuro, en la noche larga que le saca liendres al insomnio; noche de licores que se evaporan hacia las cuitas del alma…

Enciende un cigarrillo con su mano temblorosa. Cierra los ojos para capturar algún recuerdo hermoso e irse de aquel estado. Lo intenta durante horas pero todo es en vano…

Prepara un baño. Agua fría, agua caliente. Se desviste. Escribe algo en su vientre. Espía, con sus ojos derrumbados, las profundas cicatrices en sus metacarpos.
Le saca filo al licor. Un par de sorbos, uno más, uno y otro y otro y otro más…
Cierra los ojos diciendo:
Tengo sueño… mucho sueño… s u e ñ o… s u e ñ … s u e… s… u…

Al otro día, el sol no quiso destaparla. El cenicero repleto de angustia. Botellas vacías. Vidrios desparramados en pupilas ausentes. Y un cigarrillo ha media asta, cerca de la puerta entreabierta del baño…

Y un grito ajeno… cadavérico… aterrador…


Cine

Porque es como cuando una película acaba,
los nombres pasan desapercibidos,
la música de cierre termina extraviándose
en el sonido de los asientos que se tornan vacíos
y el oscuro de la pantalla desdeñándose tanto,
despintándose por las luces que vuelven ha encenderse:
como la vida que despierta
y la otra vida que se duerme
junto a la ventana cerrada
a la fantasía efímera y soñadora
en un largometraje enfrascada.

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