Vivian Rivera
Ciudad
Maldita soberbia que te acoge en las entrañas,
que se estandariza como todo y que fluye como siempre.
Maldito los guiones de vidas que acarreas
que ni siquiera lo escribes,
ciudad encarnada de maldita providencia
Maldita ciudad que juegas a ser eternizante
llevando la verdad absoluta, despótica e imperiosa.
Maldita ciudad que escondes tus palabras
tras tu abrigo de hipocresía orgullosa
cristalizada en tus juegos solaces, desperfectos.
Malditos tus juegos de seres superables, inexistentes, reprochables
fútiles, malignos, obnubilantes.
Malditos los que te siguen,
seres burdos, ordinarios, no pensantes
Malditos ordinarios, que asienten a tus ideas,
aceptándola sin precaución, cortos de entendimiento y sin razón.
Malditas marionetas descuidadas, dejadas, negligentes
Malditos todos por burdos y ordinarios;
maldita ciudad que los refugia, los incita y los impulsa.
Dudo
Dudo de la sabiduría del mundo
de su jactancia falsa
de los absoluto de sus ideas,
de los grandes hombres de comercio,
de lo positivo de la libre competencia,
por un darwinismo social que acarrea
terror a empresas pequeñas
pues cada día les funde en miseria.
Dudo de la pútrida globalización,
de la supuesta independencia de mi país
por hiperdependientes de los países desarrollados,
titiriteros económicos y políticos de cada gobernante de turno.
Dudo de los políticos y su hablar pausado
como si temieran despotricar y dejar ver sus intensiones sesgadas
en cada elocución a todo tipo de pobres: mentales y materiales.
Dudo de la historia, por más que sea mi herramienta de trabajo
por más que constituya un legado en mi país,
pues la historia de los vencidos y ocultos históricamente
pronto se dejará escuchar.
Dudo de algunos literatos y su subjetividad malsana
poco ilustrativa, cuentacuentistas de nada
sólo simplones de cuestiones vagas, sin fundamento
deambulando en cabezas de gente sin pensamiento.
Dudo de las palabras lanzadas en promesas,
como sino sólo bastará una inconsistente fe y esperanza
habitada en un “corazón” futurista,
anclados en el pasado sin mirar lo vigente.
Dudo, de las personas amables
de lo positivo de la televisión
de la efectividad de las dietas quemagrasas
de la excelencia del verdadero amor,
de la vida real
de la inmortalidad del alma,
de la vida eterna
AMÉN.


